Abril, libros, mujeres escritoras y libreras
- Lean In Barcelona

- May 2
- 4 min de lectura

Este va a ser un post un tanto personal, relacionado con la lectura, porque abril, como catalana que soy, me lleva a Sant Jordi, al Día Internacional del Libro; y, como lectora, a que me emocione ver pilas infinitas de libros ¡y gente comprándolos!
Hace años que utilizo una aplicación en la que guardo los libros que leo. Es la de Library Thing, por si a alguien le pica la curiosidad. Allí acumulo portadas, ediciones, fecha de adquisición del libro, fechas de lectura... Quienes me conocen saben que adoro los datos, incluso los inútiles, me gusta colecionarlos. No lo puedo evitar. Hoy, antes de ponerme frente al teclado, he echado un ojo a mis lecturas durante los últimos meses, buscando tal vez algún oculto sesgo de género que se me haya colado. Contando con que pasaría, y pensando en que suspendería en lecturas escritas por mujeres. Pero "hoygan": ¡No!
En los 9 meses que duraría un embarazo se han paseado por mis manos las páginas (sí, nada de lectura electrónica) de unas cuantas mujeres. A saber:
Nuria Labari (aka "la Labari") a quién tuve la oportunidad de conocer (¡y descubrir!) en Babia (sí, sí, Babia existe). Por mis manos se han paseado, por este orden: "El último hombre blanco", "No se van a ordenar solas las cosas" y más recientemente "La amiga que me dejó". Y si repetí libros de ella es por algo. Os los recomendaría todos sin dudarlo, el primero por ese retrato de la masculinización de los roles profesionales entre otras cosas. El segundo porque tiene alguna historia que me emocionó hasta la lágrima. El tercero (¡uf!) porque poco se habla del dolor que causa que una amiga te abandone. Se dedican millones de páginas, canciones, podcast y tiempo a hablar de la pérdida del amor romántico, del de pareja, y casi cero al dolor lacerante que proviene del abandono de una amiga.
Se me coló Rodoreda y su Aloma, un clásico, pero imperdible. Con esa protagonista valiente e independiente para su época.
La lectura de entretenimiento vino de la mano de "Les calces al sol", que me regaló sonrisas y risas con una disparatada historia de una joven que se va de au pair al otro lado del océano. A veces sólo necesito eso, reírme un poco. Este Sant Jordi, vi por las librerías este libro y el nuevo de su autora, Regina Rodríguez Sirvent.
También se me coló entre las lecturas frescas "Oposición" de Sara Mesa, otro regalo de risas a través de una parodia del mundo funcionarial.
"El passatge", de Maria Carme Roca, me paseó por pasajes de mi querida Barcelona, en otros tiempos, con una historia en la que la protagonista femenina tiene todo el peso, no sólo de la historia, sino también de su época.
Y más recientemente, llegó "Las gratitudes" de Delphine de Vigan, otra de las escritoras de moda, con una historia bastante desgarradora y escrita de una forma original.
Afortunadamente, no he discriminado a nuestros compañeros hombres y se colaron también David Uclés y su "Península de las casas vacías"; mi adorado Juan Tallón y sus "Mil cosas" que nos recuerdan que vivimos en un sinsentido de tiempo ocupado en ocuparnos; David Trueba, mi amor platónico, y sus "Queridos niños" que andaban por mi estantería desde hacía mucho tiempo. Y entre los pendientes que rondaban por casa, también cayó el clásico ya "Brooklyn Follies" de Paul Auster.
Ni tan mal, ¿no? Pero ellas siguen ganando, por lo menos en mi librería. Aunque este Sant Jordi decidí no comprar más libros (porque siguen acumulados por casa muchos pendientes), al final no lo pude evitar y, sin darme cuenta, me encontré con la autocompra de tres libros en mis manos:
"La mala costumbre", de Alana Portero, a cuya preciosa edición en tapa dura no me pude resistir. Es la segunda vez que lo compro, pero la primera que lo voy a leer, porque el otro se lo regalé a una amiga.
"Un himno a la vida", la historia de Gisèle Pericot, al que le eché el ojo hace tiempo. Porque necesito dedicarle tiempo a una mujer a quien debemos tanto: por mostrar, por compartir, y por devolver a las víctimas a su lugar y la culpa, al suyo, al de los agresores (¡tantos!).
Andaba con un tercer libro en las manos, con poca fe, porque es uno de esos con excesivo autobombo en femenino y no lo veía claro. Tomé otro entre mis manos, el texto "Premio Pulitzer" me llamó la atención, y más su temática. Y ahí llegó la librera, una mujer joven, yo creo que aún estudiante, superleída, que miró mis otras compras y me invitó a abandonar el primero y llevarme sí o sí este último que tenía en las manos, "El invencible verano de Liliana" de Cristina Rivera Garza. Va a ser duro, porque habla del feminicidio de su hermana, y esto va a doler, pero la vida duele y el feminicidio más.
Y por acabar dándole sentido al título de mi post, llega la librera, ya mencionada (joven, leída, culta) y también una historia interesante que descubrí gracias a Prodigioso Volcán, la historia de la calle de los Libreros en Madrid. Os la dejo, como reflexión, porque después de descubrir la historia, aún me pregunto por qué la calle se llama de Libreros y no de las Libreras: ¡Juzguen ustedes! ¡Y que viva Josefa Borrás!
Leer nos hará libres... o no, pero fomentará nuestro pensamiento crítico, justo al contrario de lo que harán las redes, los algoritmos, y sus múltiples manipulaciones y manipuladores.
Mònica Segura
Directora de Comunicación Lean In Network Barcelona




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